“El que te baile bien debe ser púa,
manyado entre la merza de los guapos,
haber hecho un jotraba de ganzúa
y tener la sensación de la cafúa
al atávico influjo de los trapos.”

Extracto de poesía lunfarda: TANGO VIEJO, 1928
Del libro La Crencha Engrasada
Autor: Carlos de la Púa

La danza del tango tiene más de 160 años de historia.
Esta fue el inicio de la cultura identitaria del pueblo porteño llamada tango.

La danza se desarrolló de manera natural y de generación a generación se fue trasmitiendo como una posta.

No solo se trasmitía como se baila sino el legado cultural y simbólico que posee el tango y que se manifiesta también en el baile, como en la música, las poesías o el canto.

En los años 60 esta posta se cortó y hubo por lo menos 2 generaciones que no vivieron el tango.

En los años 90 reaparece la danza del tango con mucha fuerza pero las nuevas generaciones se encontraron con un problema: “¿Dónde aprendo a bailar?”

Nuestros padres y abuelos no tuvieron profesores de tango, no eran necesarios, porque en su tiempo el tango estaba en todas partes y se aprendía mirando y moviéndose.

Las oportunidades eran tantas que practicamente cada bailarín tenia sus propios pasos que le daban un estilo de baile único.

En los años 90, al reaparecer el tango con generaciones que no recibieron ese legado natural, fue necesaria la aparición de los profesores, (o maestros o instructores, etc.) lo cual de alguna manera brindo una solución práctica pero, en términos generales, la enseñanza del tango carece del legado cultural y simbólico que decíamos antes, justamente porque la nuevas generaciones no estuvieron conectadas con los conocimientos de las generaciones que vivieron el tango como algo natural, tan natural como tomar mate.

En mi caso tengo la bendición de pertenecer a una familia milonguera.
Mis viejos y todos mis tíos eran milongueros de los años 40 y 50, las décadas doradas del tango.

De ellos recibí el natural legado que me permite entender el tango como algo más que una danza y que ese algo más te permite entender correctamente esta danza.

No obstante, en mi largo y a su vez corto peregrinar, incursioné por todos los espectros de la danza del tango y como descubrí que me gusta enseñar a bailarla, consideré que era necesario adquirir conocimientos pedagógicos y no solo técnicos.

Me tomé la enseñanza como algo sagrado, porque trasmitir un conocimiento e intentar que germine en el corazón de alguien para mi tiene un valor sagrado.

Para mi el tango no es solo enseñar pasos o figuras, sino desarrollar tu movimiento con el otro/a y con la música. Así, entre los 3 ser creadores de algo mágico. Porque danzar, es decir moverse entregados a la música y las emociones, es crear MAGIA.

Guillermo Brizuela